Ni en sus peores pesadillas los fanáticos de los Beatles se imaginaron que Michael Jackson adquiriría los derechos de las canciones del cuarteto.

Fue el primero de agosto de 1985 cuando Michael Jackson impactó a los “puristas” de la música cuando se anunció que la estrella pop, que se encontraba en uno de los pináculos de su carrera, compró los derechos de unas 180 canciones de los Beatles, la mayoría de ellas compuestas por John Lennon y Paul McCartney.

Al parecer fue el mismísimo McCartney quién había aconsejado a Jackson sobre las ventajas de ser dueño de canciones; con lo que nunca contó el ex-Beatle es que Jackson compraría su propia producción musical. En ese entonces ambos músicos eran amigos por lo que, de manera obvia, la amistad se transformó en una rencorosa relación jefe-empleado ya que hasta la fecha Jackson es quién define sobre la distribución de las ganancias del catálogo.

Cuando la empresa poseedora de los derechos, ATV Music, fue puesta a la venta McCartney intentó convencer a la viuda de Lennon, Yoko Onno, para que entre los dos la compraran, sin embargo la japonesa, tal vez a manera de venganza, se negó a escuchar y, luego de la compra, se atrevió a decir: “siento que es un amigo quién ahora posee los derechos”.

Seguramente John debe de haber dado un vuelco en su tumba.

Esta controversia fue un amargo golpe para los fanáticos del cuarteto de Liverpool además de una mala noticia para los Beatles supervivientes ya que a pesar del continuo éxito de las canciones, el monto de los “royalties” por éstas no ha sido aumentado desde los años sesenta.
TRIVIALIDAD

Michael Jackson dejo de ser un simple interprete para transformarse en un personaje excéntrico y rocambolesco en la época en que compró los derechos de las canciones de los Beatles; por esas mismas épocas empezaron a circular historias como la que decía que el cantante dormía en una cámara hiperbárica de oxígeno hasta la de intentar comprar el esqueleto de Joseph Merrick, mejor conocido como el Hombre Elefante. Claro que aun estaba lejos los tiempos de las acusaciones de pedofilia, hijos con nombre extraños y narices a punto de caerse de la cara.

La prensa británica lo apodó “Wacko Jacko”, algo así como Jacko el Raro, apelativo que Jackson aborrecía.