¡ Lo sabemos porque estuvimos ahí !
Septiembre 1982 a agosto 1986 (4 temporadas/90 capítulos)
Al día de hoy la idea parece hasta ingenua, no solo para los estándares de las series de televisión actuales si no también para las cosas que pueden hacer los coches: un automóvil “inteligente” capaz de ayudar a su dueño/usuario a resolver crímenes y atrapar a los malvados.
La historia es simple y universal: un ex-policia, que luego de sufrir una herida muy grave en Vietnam, obtiene una “segunda oportunidad” para transformarse en una especie de justiciero del camino y que es ayudado por su automóvil llamado “Knight Industries Two Thousand” (Industrias Knight Dos Mil); mejor conocido por sus fanáticos y amigos como KITT, el auto increíble.
El auto fue diseñado en base a un Pontiac Firebird Trans-Am, algo que podríamos catalogar como el “clásico coche para gringo naco” al que se le agregaron una serie de elementos para dar un aire de modernidad y hi-tech.
El más visible de todos estos era una luz roja tipo escaner que viajaba de extremo a extremo de una pantallita negra colocada al frente del vehículo. Ésta luz se transformó en un ícono de naquez y charrería cuando algunos individuos de dudoso gusto comenzaron a integrarlos a sus automóviles; cabe destacar que en ese entonces los Trans-Am nada más llegaban a México impresos en celuloide por lo que lo más común era ver datsuns y caribes “arreglados” con la lucecita del auto increíble al frente.
Por supuesto que el auto era el gran protagonista de la serie, estamos hablando de la época en que los vehículos podían tener sus propios programas, como el General Lee de los Dukes de Hazzard o el trailer de B.J. McKay. Sin embargo KITT lejos de ser el simplón campirano representaba al carismático citadino de alta tecnología.
En este capítulo KITT se enfrenta con su archienemigo y gemelo maligno KARR; en esos entonces un monitor en el tablero era tan real como un coche volador.
La lista de posibilidades del auto consta con más de 50 características entre las que destacaba un escudo molecular capaz de detener balas y protegerlo contra explosiones; motores cohete para maximizar la velocidad; un sintetizador de voz para interactuar con el usuario; capacidad para manejarse solo seguido por un largo etcétera que incluía un aparato de análisis de sangre y un paracaídas.
El éxito de la serie fue tal que no faltó el tarado (en Estados Unidos) que se acercó al distribuidor Pontiac más cercano a su corazón para encargar un coche con “las mismas características que el que salía en la tele”; esto puede parecer un poco exagerado pero las solicitudes fueron tantas que la General Motors pidió a los productores que “evitaran” utilizar las palabras Pontiac y Trans-Am en el contenido de la serie.
El programa estaba basado, y su nombre (en inglés) no lo oculta, en la imagen del caballero andante que va buscando inocentes desvalidos para hacerle justicia, una especie de llanero solitario del siglo veinte que utiliza la última tecnología para ayudar a los débiles.
La idea resultó tan buena (y el Hollywood actual tan falto de imaginación) que ya amenazaron con la producción de una película basada en la serie ochentera la cual podría ser estelarizada por Orlando Bloom. Así que si pensaron que “El Auto Increíble” era, por fortuna, cosa del pasado, pues estaban muy equivocados.
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