En aquellas oscuras épocas de los Ochentas una muñeca Barbie tenía más opciones para escoger un auto que un mexicano.

Contrario a lo que ocurre en la actualidad tan solo existían siete marcas: Ford, Chrysler, Chévrolet, AMC (que merecen una entrada completa), Volkswagen, Renault y Datsun-Nissan. Cada una de ellas tenía unos cuantos modelos por lo que la variedad era muy limitada y en muchos casos casi nula.

La razón principal es que a alguien del gobierno se le ocurrió la brillante idea de que, para vender un auto en México, éste debería de ser fabricado en su mayor parte en el país, por esa razón, además de lo pequeño que era nuestro mercado, la variedad era mínima por lo que la mayoría de los que vivimos la infancia y la adolescencia en esos tiempos creamos una serie de fetiches automovilísticos que aún perduran.

He aquí algunos.

¿Un Ford es el auto de mayor lujo?

Cierto, y aunque en Estados Unidos eso les causaba una risa loca, durante esa época ochentera el coche más caro que el dinero podía comprar en México eran los Ford LTD que se transformaron en Crown Victoria más adelante.

Un amigo tenía uno (más bien su papá) al que cariñosamente llamábamos “la sala” por su tamaño. Por ser el único coche de estas características se transformó en el símbolo de estatus; sin embargo también fue una especie de “pantalla” ya que no era un coche extremadamente caro (según los estándares internacionales) por lo que no era requisito ser el más rico del pueblo para comprarlo. La diferenciación entre los “ricos” y los “verdaderamente ricos” se dio cuando comenzaron a importarse autos y los primeros siguieron comprado Ford mientras los segundos cambiaron a Mercedes y BMW.

Otra de las razones del éxito de la marca es que por alguna extraña razón la generación anterior desarrolló una mística a su alrededor: “Un Ford es un Ford” decían algunos con un aire iluminado y con los ojos entrecerrados tratando de ostentar una sapiencia infinita cuando hablaban de estos armatostes que en realidad eran igual de malos que los demás.

Mustang el ÚNICO deportivo de México

Mientras que en Estados Unidos al Ford Mustang siempre se le ha considerado como un coche “juvenil” en México, en los ochentas, adquirió un estatus casi místico. Era el único deportivo que se podía ver en la calle y por ahí de principios de los ochentas sufrió un lifting que, en esos entonces, parecía se la encarnación del ideal automotriz.

Algunos envidiosos le decían “el caracol” por aquello de que siempre tenía “un baboso” adentro sin embargo el auto fue el que tenía mejor rendimiento femenino (mayor número de mujeres “conquistadas” por kilómetro). Era un sueño absoluto y solamente los más afortunados podían tenerlo; insisto en que en aquella época no había siquiera Camaros, Pontiacs y que decir de europeos como Ferrari y similares. ¡El Mustang era el rey absoluto!

Caribe; el económico que quiso ser deportivo.

VW introdujo en México su modelo Golf por ahí de finales de los setentas con un nombre bastante estúpido. “Caribe, una bella pieza de ingeniería” rezaba el eslogan.

Se transformó en el auto más deseado de la época para los adolescentes que, repito lo de la escasa variedad del mercado, lo veíamos como si fuera un automóvil deportivo cuando en realidad estaba más cercano a las bicicletas que a los coches verdaderos. Estoy seguro que el éxito de los ahora “exclusivos” y absurdamente caros coches de la firma alemana es que los que ahora “pueden” comprar estos coches alguna vez soñáron con subirse a esas patinetas ochenteras.

Atlantic, tan solo un Caribe con cajuela.

Esa es la verdadera historia del Jetta. A los ingenieros de la VW se les ocurrió un Golf mas “cajueludo” y de pronto tuvieron un éxito mercadológico en las manos que ya ha perdurado.

Podríamos atribuirle las mismas razones de éxito que a su hermano menor; surgido en una época en que la principal competencia eran los Datsun 510, clásico coche de señora (o de taxi) y los Renault 12 que tenían el encanto de un procesador de alimentos.

(continuará)