El 29 de octubre de 1985 se concretó en la ciudad de México uno de los acontecimientos más surrealistas y más esclarecedores de la filosofía y la idiosincrasia del chilango.

El primer local de McDonalds abrió sus puertas. Este no fue el hecho impactante.

Lo verdaderamente llamó la atención fue la reacción de la gente: hicieron colas que paralizaron el periférico, esperaron por horas para poder ingresar al local y poder degustar ese lujo gastronómico llamado Big-Mac.

Fue patético ver la desesperación de la gente por hacerse de unas papas y una malteada.

Tal vez pensaron que de esa forma podrían finalmente ingresar al paraíso prohibido del primer mundo; tal vez creyeron que si seguían comiendo tortillas se le iba a olvidar el poco inglés que aprendieron en Harmon-Hall; tal vez solo cerraron los ojos y se imaginaron que por alguna afortunada razón metafísica se encontraban de nuevo en el mall de San Antonio a donde habían ido a comprar fayuca.

Algo muy cierto es que muchos ¡guardaron los vasos de las malteadas y las cajitas de las hamburguesas de McDonalds para presumírselas a sus amigos!

29 de octubre de 1985, un día que vivirá en los anales de lo patético.