¡ Lo sabemos porque estuvimos ahí !
Mexicanos idólatras
Creo que en México siempre nos han hecho falta héroes reales; eso se nota tan pronto un paisano levanta la cabeza, en cualquier especialidad, para que todos se transformen en sus admiradores.
Falta que surja una Lorena Ochoa para que todo mundo se haga especialista en golf o que Ana Gabirela Guevara gane un par de competencias para que la transmisión de algo que hasta hacía unos meses se nos hacía perfectamente aburrido sea capaz de interrumpir la programación habitual de la tele.

Por supuesto que ese no es un fenómeno de nuestra época: es imposible olvidar las transmisiones casi religiosas del Real Madrid de Hugo Sánchez o las operaciones especiales de Televisa para cubrir segundo a segundo la aburridísima especialidad de la caminata.
Nosotros los mexicanos tendemos a ponernos la bandera y arrojarnos al vacío ante la menor provocación nos encanta eso de encontrar causas: ¿Cuantos “fanáticos” del Real surgieron en los ochentas? ¿Cuantos aficionados florecieron como hongos y se pusieron camisetas ridículas con logotipos de Herdez luego del paso de Adrián Fernández por las grandes series automovilísticas de Estados Unidos?
En los ochentas algo así pasó con el equipo de béisbol de los Dodgers de Los Ángeles.
Fernando Valenzuela nació en un pueblo perdido de Sonora: Etchohuaquila. Su carrera como pitcher en las ligas nacionales paso inadvertida para ese enorme porcentaje de mexicanos al que el béisbol profesional de nuestro país ni le va ni le viene.
Por ahí de 1979 un cazatalentos gringo lo vio jugar y se lo llevaron a un equipo de ligas menores para, más tarde, debutar de manera profesional en septiembre de 1980 con los Dodgers.
De ahí a la gloria.
Era un muy buen pitcher de mano zurda y, en parte gracias a su habilidad, su equipo llegó a la serie mundial del béisbol estadounidense ante los Yankees en 1981. El tercer juego de la serie lo ganó; dicen los expertos que ese fue el punto en que los Dodgers superaron al equipo neoyorkino para hacerse del campeonato. A partir de ahí la carrera de Fernando Valenzuela fue fructífera y llena de logros, pero ¿que pasó en México?

Pues que de la noche a la mañana surgieron más fanáticos de los Dodgers que en el mismísimo Estado Dorado. Todo mundo veía los partidos del Toro, todos opinaban que era de lo mejor; es obvio decir que los partidos del equipo de Los Ángeles se transmitían de manera puntual.
Con el tiempo la estrella de Fernando Valenzuela fue menguando (como todas); surgieron más héroes y por supuesto que nos trasformamos en sus fanáticos, pero nunca olvidaremos al Toro de Etchohuaquila; un gran pelotero que puso a su pequeña ciudad en el mapa y al Beisbol, así como a los Dodgers de Los Ángeles, en los corazones de muchos.
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