El tema de esta entrada es muy anecdótico y narra mi primera experiencia con una computadora.

La inspiración me vino al ver esta foto:

Apareció en el Portafolioblog y me trajo de inmediato recuerdos muy antiguos. Se que cuando sea viejo voy a fastidiar a mis propios nietos con historias que van a empezar con un “en mis tiempos…” y se que ésta en particular va a ser una de mis favoritas; me voy a acordar sobretodo cuando éstos le muestren al vejete sus últimas nano-computadoras que probablemente traerán injertadas en el cuero cabelludo o en otra parte del cuerpo.

Corría el año de 1982 cuando yo entré a una de las preparatorias mas prestigiadas de esta muy leal Ciudad de México. Entre los múltiples avances que podíamos gozar, además de enormes salones de más de 50 pelados, laboratorios que olían a formol y su propio cine, eran las clases de computación.

Sonaba increíble, sonaba a futuro, a películas de ciencia ficción… A puritita promesa.

Las clases eran impartidas por jóvenes, creo que eran los de menor edad en la plantilla y comenzaban con aquello de Univac y demás para terminar con lenguaje Basic.

“Hacer un programa en Basic que resuelva una ecuación cuadrática”… Creo que ese fue el máximo reto y uno de los requisitos para aprobar aquel curso. Pero las clases en el salón normal de teoría resultaban igual de aburridas que las materias mas mundanas como las matemáticas o las ciencias. Lo que realmente era emocionante era acceder al laboratorio de computación.

Es en esta parte de la historia que surge a colación la fotografía.

Si se fijan en ésta verán que la muchacha esta sentada frente a una computadora que más bien parece una máquina de escribir (para aquellos que no saben que es una máquina de escribir les podemos decir que era el Word de las cavernas, con impresora incluida). No tiene pantalla, lo que utilizaban era un rollo de papel y una cinta similar a las de las máquinas de escribir. Cualquiera que haya visto un telex sabrá de los que estoy hablando (hubo una época oscura en que las noticias llegaban por Telex).

Estas máquinas eran terminales por que la verdadera computadora estaba ubicada en un lugar especial. (en esa escuela en particular la tenían en una especie de vitrina que más bien parecía un altar a la tecnología) y se parecía a las que hoy vemos en las películas de las 70’s; estoy seguro que la máquina en la que estoy escribiendo ésto es muchísimo más potente que aquel armatoste.

¿Qué hacíamos con esas máquinas?

Pues nada de lo que hoy en día hace un ciudadano promedio con una computadora: aprendíamos a programar, en ese entonces para que una computadora funcionase uno debería de programarla personalmente.

¿Qué programábamos? Programas sencillos para sumar o restar y más tarde para resolver ecuaciones sencillas. Uno tecleaba el código en la máquina; éste se imprimía como si una máquina de escribir se tratara y luego de introducir todas las instrucciones la computadora nos “contestaba”; la mayoría de las veces eran mensajes de error por código mal empleado, pero lo que era común para todos era el tecleado de respuesta: la computadora imprimía a gran velocidad (para la época) su respuesta en tinta y el sonido era el de un golpeteo muy fuerte por lo que no tardamos en bautizar a las máquinas como “las ametralladoras“.

No lo recuerdo exactamente pero esas ametralladoras eran muy similares a las de la foto, nos sentábamos frente a ellas en varias filas y podíamos imaginar que en el futuro las computadoras podrían estar disponibles para todos por lo que era necesario aprender a programarlas.

Fue mi primera incursión en un mundo que, en ese entonces, ni remotamente nos imaginábamos en lo que se iba a transformar y mucho menos en la manera que iba a alterar nuestra sociedad.