¡ Lo sabemos porque estuvimos ahí !
Durante los años ochentas vivimos la tecnificación absoluta de los relojes; tenían alarmas, calculadoras, agendas, es decir, los fabricantes estaban tan enfrascados en la carrera tecnológica donde las estrellas eran piezas negras con muchos botones que no vieron llegar a la competencia.

Los Swatch
Tal vez hoy en día ya se ven un poco normales y nada del otro mundo, aunque tienen sus fanáticos, sin embargo durante los ochentas cuando una serie de relojes de coloridos diseños aparecieron se transformaron en un furor inmediato.
Parecían romper todas las reglas: colores brillantes, diseños modernos y en muchos casos ni siquiera simétricos. Eran divertidos y enormemente atractivos.
Aunque parezca letanía, ocurrió lo mismo que con todas las modas provenientes del otro lado de la frontera: en ese entonces no se vendían ni de relajo en México por lo que solo algunos privilegiados podían usar uno (o muchos como lo mandaba la moda) por lo que pronto también fue creado un mercado negro de contrabando y piratería.
Estamos hablando de que una de las características de aquella época en México fueron las devaluaciones y las crisis consecutivas por lo que un Swatch, que en Estados Unidos estaban destinados a un público adolescente, aquí en nuestro país tan solo unos cuantos podían tener la “fortuna” de usarlos.
Como dato curioso: muchos de esos relojes son considerados el día de hoy verdaderas joyas (si es que están en buen estado) así que si alguien aún atesora su viejo y ochentero Swatch, podría tener un capitalillo.
Leave a reply