¡ Lo sabemos porque estuvimos ahí !
Hace 25 años (mayo de 1983) fue estrenada en Estados Unidos la tercera parte, más tarde conocida como el capítulo 6, de la trilogía original (y la mejor) de la Guerra de las Galaxias: El Regreso del Jedi.

Esta tercera entrega fue la que mejores efectos especiales presentó, la tecnología había avanzado bastante en ese campo desde que se había estrenado la original.
La historia era el cierre definitivo, la muerte de los malos, la redención de Darth Vader/Anakin Skywaker y el triunfo de los rebeldes buenos en contra de los imperiales malos. Creo que en ese entonces George Lucas ni siquiera pensó, de manera seria, en hacer una “precuela”.
Vimos efectos muy buenos así como un par de batallas geniales; por ejemplo, en la lucha entre los héroes y los malos de Jabba de Hutt en el desierto, la secuencia de acción es soberbia. La princesa Leia (Carrie Fisher) utilizó un bikini dorado pasó a la historia como una de las grandes realizaciones eróticas frikies.

Por su parte, el papel de Harrison Ford como Han Solo consolidó al actor que, a pesar de su sólida carrera posterior, será recordado por los siglos de los siglos como el cínico y egocéntrico contrabandista coreliano (y como Indiana Jones, por supuesto).
Para explicar el efecto que tuvo la tercera parte de la serie es necesario explicar el contexto histórico, tecnológico y social en la que la mayoría de los ochenteros vivimos las tres películas.
Cuando la película original fue estrenada en 1977 la única posibilidad para ver una cinta era un cine. No existían los DVD ni los videocassetes por lo que muchos, como en mi caso personal que mis padres me llevaron a ver la película, solo la vieron una vez (mi papá ni loco me hubiese llevado a verla al cine por segunda vez).
En la actualidad es fácil ver una película; tan solo unos meses después del estreno en cine es posible comprar el DVD, rentarlo o contratarla en algún sistema de pago por evento (a veces en menos tiempo si tomamos en cuenta la opción de la piratería), pero en ese entonces yo vi la segunda y la tercera parte después de haber visto la primera solo una vez y a la edad de 10 años por lo que eso le aportó una especie de halo místico. Pudimos conocer el final de la historia ¡Seis años después!
Definitivamente la forma de ver cine y de consumir medios ha cambiado, pero creo que algo que le daba mucho valor a una cinta del tipo dela trilogía de Star Wars era esa “mística” que se desarrollaba de verla una sola vez y de manejar esos recuerdos sin la posibilidad de reafirmarlos con repeticiones.
Es cuando uno entiende la dificultad de los creadores de esta época tan tecnológica y la forma en que tienen que satisfacer la demanda de consumidores cada vez más exigentes: El Regreso del Jedi está hecho exclusivamente con maquetas, disfraces y pantallas azules; las tres partes de la preecuela de Star Wars difícilmente tienen alguna secuencia que no haya sido manipulada por medio de computadoras.
Sin olvidar que podemos verlas las veces que queramos a través de los medios más modernos…
Hemos recorrido un largo camino.
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