Si eres de los que sabe la diferencia entre un videocassette Beta y uno VHS; si el concepto de renta de una película para ti comenzó en ir a un “videoclub” con un número muy limitado de copias y de títulos (y de formatos); si alguna vez corriste a “inscribirte” a esos locales llamados Videocentros y tratabas de llegar el sábado temprano para “agarrar” las mejores películas seguramente eres un ochentero.

Logo del Videocentro

El Videocentro fue la primera franquicia seria en el negocio de renta de películas.

Antes de estos la renta de una película dependía de locales independientes y variopintos en los cuales rentaban películas de dudosa calidad y rara vez tenían cintas de menos de tres años de antigüedad, eso si, hartos títulos bajo el eufemismo “exclusivas para adultos”.

Si tu caso era el de estar “maldito” por que el encargado de adquirir tecnología de tu casa había optado por comprar una VHS estabas condenado a la “sección de VHS” de dicho local que rara vez eran más de 7 películas entre las que se encontraban títulos como “Desnúdate alegremente Marcela” entre otras joyas de la cinematografía latinoamericana.

La franquicia Videocentro pertenecía a Televisa y, al igual que la actual Blockbuster, comenzaron a aparecer practicaménte en cada esquina de la ciudad. Las tiendas estaban bien arregladas y contaban con varias (aunque no muchas) copias de las películas más recientes.

Fue en estos locales donde el lento, y doloroso, cambio de formato se llevó a cabo. De repente la sección de los VHS grandes comenzó a crecer y la de Beta a disminuir.

Luego de la aparición de los Videocentros se dio un nuevo golpe mercadológico, la palabra macro estaba de moda, por lo que no tardaron en aparecer Macrovideocentros; locales enormes en los que ya se perfilaba la idea de que te podían vender más cosas que simples rentas y palomitas.

Logo de Macrovideocentro

La experiencia demuestra que el negocio de la renta de películas no es tan bueno como se podría suponer y aunque los locales parecen abarrotados las empresas no son tan exitosas. Tal vez fue lo que pasó con los Videocentros que se tuvieron que rendir ante la fuerza y la imagen de los Blockbuster (que también ya están en franca decadencia).

Con el tiempo se fueron extinguiendo; el más cercano a mi corazón se transformó en Oxxo, y mientras todos corrimos a darnos de alta en el Blockbuster ni cuenta nos dimos cuando cerró el último Videocentro.

El día de hoy los enormes locales azules también parecen condenados ya que el simple acto de asistir a un local para obtener una copia de una película parece tradición medieval…El eterno problema de la tecnología radica en que es muy batalloso tratar de alcanzarla.