Fue una película muy cursi, pero Somewhere in time (su título en inglés) consolidó la carrera de Christopher Reeve y se transformó en una de las historias románticas más recurridas de principios de los ochentas.

Come back to me” le dijo la anciana Elise McKenna a Richard Collier y le entregó un reloj. Este acto desencadenaría un “bucle” en el tiempo en el que el joven descubriría la forma de viajar al pasado para conocer a una mujer de la que ya se había enamorado a través de sus fotografías.

Si dijera que la película era cursi me quedaría cortísimo: La idea de dos personas que se aman a pesar de la enorme diferencia temporal y de que ambas se dejan morir, literalmente, para llegara la eternidad para seguir amándose como si de canción de Juan Gabriel se tratara no puede tener otro nombre.

Esta película sufrió ese fenómeno que ocurrió con varias cintas de la era del video: aunque en taquilla no fue ningún éxito remarcable, a la hora de pasar a formato casero se transformó en toda una película de culto.

Estelarizada por Christopher Reeve, quién había filmado dos años antes la versión setentera de Superman y se alistaba para el estreno de su secuela, ésta fue sin duda su consolidación como galán de la pantalla ochetero. El papel femenino de la actriz Elise McKenna lo realizó una muy joven Jane Seymour a quien más tarde la veríamos como doctora Queen.

La temática, lo repito, es muy cursi, sin embargo casi todas las mujeres que conocí la vieron y la adoraron. El joven Collier finalmente logra viajar al pasado para encontrase con la mujer que ya ama pero que no lo conoce.

Ella comienza a interesarse pero su carrera de actriz podría verse afectada por lo que su representante hace lo imposible para romper el incipiente romance de la pareja. Al final, como buena película de su género, el amor triunfa.

Aunque todo parece augurar felicidad el destino arregla el desorden temporal: luego de encontrar en su bolsillo una moneda de la época moderna Collier es “arrastrado” de nuevo al futuro donde se deja morir por amor luego de intentar, de manera infructuosa, regresar al pasado con su amada.

En lo personal creo que el final es bastante ilógico ya que no veo por qué el protagonista, si pudo viajar al pasado en una primera ocasión, no pudo hacerlo después que ya había descubierto la técnica.

La película no la vi en el cine sin embargo, años después, tuve que refinármela debido a que era la favorita de una chica con la cual yo estaba tratando de quedar muy bien: “¿A poco no es una película muy linda?” me preguntaba y yo, en plena traición a mis más profundas convicciones, contestaba con un cursi suspiro y una afirmación mientras buscaba rodear con mi brazo la cintura de la susodicha y arrimarla un poco.

Pero eso ya es otra historia.

Estrenada en 1980 en México la llamaron Pide al Tiempo que Vuelva; cursi pero con la capacidad de dejar con buena predisposición a las adolescentes cursis.