Platicando sobre el tema musical ochentero me hicieron la siguiente pregunta: “¿Por que no hablas de las estaciones musicales?”. El cuestionamiento es bastante acertado: aunque para algunos les suene raro el camino lógico en la era pre-internet para conocer nueva música era la radio y en ese entonces dos opciones prevalecieron e incluso se desarrolló una especie de rivalidad.

Vamos a hablar en esta entrada de la que llegó primero, Rock 101, estación que creó una muy firme y leal base de fanáticos y que a lo largo de poco más de doce años se transformó en la referencia obligada para la música “alternativa” en aquel México ochentero.

Con el slogan de Puro, total y absoluto Rock & Roll, el gran éxito de Rock 101 radicó en ser la primera radio alternativa de México. Alejada de los modelos de la época, que en los años ochentas ya eran muy añejos, logró imprimir un sello característico que muchos trataron (y siguen tratando) de imitar.

Para Rock 101 lo primero fue el contenido: música desconocida en los medios comerciales alternada con uno que otro clásico así como algún hit del momento; todas y cada una de las canciones eran apostilladas (les decían viñetas) de manera telegráfica por la voz institucional de su director y principal mente creadora Luis Gerardo Salas (que, por cierto, era el sobrino del dueño).

En este video podemos ver el final de Invincible de Pat Benatar y la viñeta a la canción en la voz de Luis Gerardo Salas.

El formato tuvo éxito, empezó a generar fanáticos e hizo que la oferta musical de Rock 101 se expandiera y comenzara a explorar nuevas formas y estilos. Se agregaron locutores al equipo y programas muy atractivos como Argonáutica, El Chiringuito (dedicado al rock en español), Preludio Adictivo, Salsabadeando, Chócolotwist, El Almohadón de plumas entre muchísimos más; algunos fueron experimentos efímeros otros forman parte ya de la leyenda generada después de la “muerte” de la estación.

Fragmento de una emisión de Argonáutica

Un elemento muy particular del formato de la estación era el de la Idea Musical que era la simple transmisión de los grandes clásicos del rock con una viñeta más elaborada y que, al combinarse con buenos grupos del momento, resultaba en la perfecta síntesis de los ideales de la emisora así como una magnífica brujula sobre el rumbo de la música de calidad.

Otra de los aciertos de la directiva del Rock 101 fue el de acercar la emisora a la gente y que esta se “salió” de la cabina para promover conciertos y realizar conferencias entre muchos otros eventos. El pináculo de todo este asunto fue el Rock Stock, lugar para escuchar música, a veces trasmitida desde las instalaciones de Insurgentes Sur, y bailarla, así como tomar una copa en un ambiente muy alivianado.

En cierta forma el Rock Stock se transformó en la imagen “visible” de Rock 101, el lugar era un prestigiado foro para conciertos y transmisiones en vivo además de que no era raro encontrarse en éste con los conductores de la estación o con los integrantes de las bandas de moda.

La “era dorada” de Rock 101 fue la que coincidió con la dirección de Luis Gerardo Salas, de 1984 a 1993, casi nueve años en que el dial 100.9 fue la principal estación para el público joven que gustaba de la onda alternativa.

Con la salida de Salas se dio una especie de decadencia; después de ésta se dieron una serie de actos de protesta en los que los radioescuchas comenzaron a exigir, primero por carta y teléfono y luego haciéndose presentes en las puertas de Núcleo Radio Mil, el regreso de su director. Por su parte, el equipo hizo una serie de manifestaciones y hasta al Zócalo se fueron a poner; junto a la gente que espera que la contraten con letreritos de “productor radiofónico” y cosas por el estilo, sin embargo la directiva ni caso les hizo.

La separación sigue siendo causa de controversia, para los fanáticos todo fue cosa de dinero y se rumoraba que la expulsión de Salas y su equipo se debía a que se negaron a “transformar” a Rock 101 en una emisora más comercial.

Al interior de la estación (lo digo por que tengo una muy buena fuente) se decía que lo que ocurría es que Rock 101, luego de casi una década, comenzaba a perder vigencia y terreno frente a una competencia que se había puesto las pilas. El caso, a final de cuentas, fue que a Luis Gerardo Salas lo corrieron de la empresa de su propio tío.

Haya sido lo que sea, la estación comenzó una decadencia que la llevó a un triste fin en 1996, no sin dejar una masa de seguidores que, hasta la fecha, siguen esperando una reencarnación de Rock 101.

Rock 101 fue toda una era; creó nuevos modelos y nuevas formas, demostró que la música de calidad podía ser fuente de público y de puntos de raiting, pero sobre todo, acompañó a una generación completa de ochenteros y rockeros empedernidos.