Créanlo o no, en los ochentas también se publicaron libros y algunos de nosotros hasta los leímos. La razón por la que quiero hablar de Azteca en esta entrada no es tanto por el libro en sí, si no la serie de comentarios y reacciones que generó en una sociedad que, en muchas formas, desconocía su pasado.

Gary Jennings publicó su obra más famosa, Azteca, en Estados Unidos en 1980. La novela escaló de inmediato la lista de Best-Sellers por lo que no tardamos en encontrar una traducción al español poco tiempo después.

De la novela puedo decir que es un caso investigativo excepcional; Jennings hizo su tarea leyendo y estudiando todo lo relativo a la conquista y a los grupos humanos que vivían en lo que ahora conocemos como México (vivió 12 años en nuestro país).


Gary Jennings

Aunque la visión del narrador, Tlilectic Mixtli (Nube Negra), un hombre normal que gracias a su inteligencia y suerte llega a ser uno de los cercanos de Moctezuma (segundo), es un poco anacrónica en el sentido que cuestiona muchas de las costumbres de sus compatriotas – una amigo la resumió como “un neoyorquino en Tenochtitlan” – sin embargo el relato es exageradamente realista y puede llegar a ser perturbador.

Me explico; Jennings se obsesiona (y no solo en Azteca) con dos temas: el sexo y la crueldad.

Cuando el libro llegó a mis manos, por ahí de 1982, yo acababa de cumplir los 15 años y fue todo un revuelo cuando mis padres me vieron leyéndolo (no tenía la costumbre de preguntar que podía leer). Puedo decir, en retrospectiva, que tenían razón.

No se si Jennings era una especie de maniático sexual o, al contrario, un nerd que se imaginó más de lo que hizo, el caso es que cuando uno recorre las páginas del libro se encuentra con una serie de escenas sexuales cada vez más elaboradas y enloquecidas.

El autor tiene la delicadeza de describir cada forma, cada fluido, cada posición y sensación con una exactitud que raya en la literatura pornográfica; de la misma forma inventa y recrea cosas que nos hace dudar de su salud mental: purépechas obsesionados por el sexo y altamente pedófilos, emperadores con atribuciones raras o especiales, sexo kilométrico de cuatro o cinco días continuos gracias al peyote; la vuelta sexual de Mixtli por el Único Mundo parece más bien un Wild On! Anahuac donde se explora la sexualidad al máximo (como muestra puedo decir que el tal Mixtli hasta con la Malinche tuvo “queveres“).

La otra faceta, la de la crueldad, no se queda atrás: la descripción de los sacrificios humanos llega también a niveles sorprendentes: extracción de corazones, niños, jóvenes y adultos muertos de una forma u otra en favor de los dioses hasta llegar al colmo del gore cuando se despelleja a la victima durante un sacrifico a la diosa de la fertilidad. Las escenas de sangre no solo se enfocan en los sacrificios si no que también son parte de la vida diaria; un ejemplo es una escena donde un soldado obliga a unos asaltantes a comerse (cruda) la cabeza de un conpinche que es vomitiva.

Por supuesto que en ese entonces las críticas a la obra de Jennings no tardaron (lo que se dijo sobre Apocalypto de Mel Gibson me lo recordó un poco); como era posible, decían, que un “gringo” pusiera a los místicos aztecas en el papel de salvajes adictos al sexo y a la sangre.

Por supuesto que se les olvidaba que los Mexicas también eran seres humanos.

La obra de Jennings se vendió como producto de Apple, parecía una condición para iniciar cualquier conversación y mientras unos lo alababan (¿cómo es posible que los “gringos” sepan más que nosotros?) otros lo denostaban (¿cómo es posible que los “gringos” hablen tan mal de nosotros?). los rumores sobre una película empezaron a circular.

Sin embargo, como todo en esta sociedad de consumo, pronto pasamos a otras cosas.

Existió una segunda parte, llamada “Otoño Azteca” mucho más light en cuanto a extensión pero igual o peor de atascada en lo demás. De la misma forma Gary Jennings escribió otros libros de novela histórica (bastante buenos) basados en la vida de Marco Polo (Wild On! Mongolia), la historia de un circo (Wild On! Europa) y la vida de un bárbaro ostrogodo hermafrodita (¡imagínense las posibilidades sexuales que explota Jennings en este libro!) durante el ocaso del imperio romano.

La verdad es que vale la pena leerlas.