Es una de las franquicias más exitosas de los videojuegos pero también una de las más largas; sus orígenes se remontan a los arcades ochenteros para remontarse a través de la exitosa línea de consolas de Nintendo. Conozcan los humildes orígenes del plomero más famoso del mundo de los videojuegos: Super Mario Bros.

Mario surgió como actor de reparto en el famoso Donkey Kong (que por si mismo es toda una institución en el mundo de las consolas); era el pequeño hombrecillo que tenía que subir esquivando los barriles que arrojaba el simio para rescatar a la chica raptada.

Este juego era de arcade y costaba jugarlo el equivalente a 25 centavos de dólar (al día de hoy mi hijo se sorprende que nos cobraran por jugar esos juegos) y era lo máximo en videojuegos del glorioso año de 1981.

La siguiente aparición la hizo en Mario Bros. (sin el “Super”) juego en el que descubrimos su verdadera profesión, plomero. De la misma manera conocimos a Luigi, su hermano. Este también fue juego de arcade que no tuvo gran éxito sin embargo ya se veían ciertos elemento que íbamos a ver más tarde en su sucesor y parte del éxito del Nintendo NES.

El Nintendo NES, que salió a la venta en 1985, traía un cartucho con dos juegos; por una parte el Duck Hunt, que era un alarde de tecnología por que se le podía disparar al pato con un control con forma y función de una pistola.

Al principio del video se ve la pantalla con las opciones de Duck Hunt y Super Mario Bros.

No es necesario decir que los jugadores promedio le dedicaban 15 minutos a los patos y al perro para dedicarle todo su tiempo al bigotón.

La historia del juego era simple; la princesa Peach había sido secuestrada y había que recorrer una serie de mundos raros, y peligrosos, para rescatarla. El juego utilizaba un escenario horizontal (inventado por Pitfall de Atari en 1982) en los cuales se presentaban una serie de peligros: hongos o tortugas malvadas, precipicios, muros, bolas de fuego, pozos de lava, nubes bombarderas y una infinidad de elementos animados e inanimados diseñados para frenar la carrera de Mario rumbo a la princesa.

Este video muestra a un enajenado que realiza el recorrido completo en cinco minutos pero debo de decir que no era nada fácil. Cada mundo era más complicado que el anterior con el reto aún mayor de que una vez que se perdía no había opciones ni nada de “guardar el juego”, se regresaba al principio de nuevo, lo cual era bastante frustrante.

Se iniciaba con las consabidas tres vidas y si uno acumulaba puntos o monedas, recibía más aunque esto no era nada fácil. Debo de decir que yo nunca lo acabé mientras lo jugué sin trampas y no conocí a nadie que lo hiciera.

Dije que no lo gane “sin trampas” por una razón. Alguien descubrió que si en determinado mundo y determinado nivel donde hay una escalera y se pateaba una tortuga de determinada manera, el juego entraba en una especie de loop (no se si sería un bug o un huevo de pascua) donde de repente Mario comenzaba a obtener puntos y muchísimas vidas: estoy hablando de miles por lo que de ahí el recorrido se facilitaba y se le quitaba la presión de perder y volver al principio.

De hecho había muchos trucos para adelantar y “colarse” en mundos más adelantados, desde esos entonces los adictos ya habían transformado el juego en una ciencia, el problema es que sin herramientas como la Internet los trucos circulaban de boca en boca a una velocidad abrumadoramente lenta.

El éxito de Super Mario Bros. fue tal que en 1988 llegó una secuela: Super Mario Bros. 2

Mucho más elaborado y complicado, se podían utilizar hasta bombas, el juego fue un digno sucesor de la primera versión con la gran ventaja (revolucionaria para su tiempo) de que el juego se podían guardar y recomenzar donde se perdió.

La evolución de Mario es conocida por todos los que alguna vez hayan tenido una consola. Yo le perdí la vista durante los noventas para reencontrarlo en el Gamecube y el Wii de mi hijo (magnífico pretexto para comprar consolas) en juegos hipersofisticados y tridimensionales que me hacen falta dedos siquiera para apretar los botones necesarios para jugar.

Toda una una industria que se generó, allá por los ochentas, con un monito de arcade al que se le pusieron bigotes por que así la cara sería más fácil de dibujar con los pocos pixeles disponibles.