En 1983 paso algo desapercibida; hoy es una de las películas de culto de la década de los ochentas.

Cuando Blade Runer llegó a las pantallas por ahí de 1982 fue el clásico caso de la película futurista que pasó con más pena que gloria.

En esos entonces estábamos esperando el último capitulo de la primera trilogía de Star Wars por lo que para el público promedio la obra de Ridley Scott parecía oscura y negativa ante los rayos lasser y los monos de peluche de El Regreso del Jedi.

En lo personal, no la vi en la pantalla, no me llamó la atención y los comentarios al respecto no me animaron para nada: oscura, incomprensible, pesimista. La imagen no era nada halagüeña sobre todo en una época en que ir al cine implicaba ajustarse a los gustos de la novia o de la que estaba en prospecto.

Más tarde tuve la oportunidad de verla en un canal de películas y fue entonces cuando le agarré el gusto.

Siempre he sido un fanático de la ciencia ficción, aunque me gusta más en libros que en películas.  Según mis propios estándares, Blade Runner podría ubicarse entre las dos mejores películas de Ciencia Ficción de la década (la otra es Brazil -1985- de Terry Gilliam).

Blade Runner es una obra maestra del cyberpunk, muchas películas están directamente inspiradas por ésta, una pesadilla basada en la ciencia genética que explora un mundo en el cercano futuro donde los “defectuosos” son condenados a vivir en una tierra post-industrial, contaminada y lluviosa; dentro de este entorno se desarrolla la trama. Un grupo de replicantes, superhombres (y supermujeres) diseñados genéticamente para ser soldados se escapan. Son seres perfectos salvo por una cosa: están condenados a vivir vidas muy cortas. La misión de Rick Deckard es localizarlos y eliminarlos.

Esta es una de las secuencias finales de la película, el diálogo es uno de los más recordados del cine de Ciencia Ficción: el replicante le salva la vida a su verdugo (por un momento parece que lo va a dejar morir) para emitir un mensaje desesperado del condenado a vivir una vida efímera. Luego de luchar solo le queda aceptar; luego de matar, solo le queda morir.

La escena final, que ha causado más tesis sobre el tema que muchas películas juntas, fue objeto de gran controversia. Cuando Scott terminó de filmar Blade Runner hicieron una proyección a un grupo de prueba al que no le gustó el final. Sin preguntarle al director, los estudios decidieron alterarlo: colocó una narración donde Deckard (Harrison Ford) nos explicaba lo que había ocurrido como si fuésemos débiles mentales; de la misma forma le pusieron un Happy Ending donde el detective y la heroína de la película se iban en un coche (¿o avión?) rumbo a la felicidad.

En 1992 salió a la venta una versión denominada Directors Cut la que afirmaba que era la edición de Scott pero el escándalo empezó cuando se supo que éste no había tenido nada que ver con la edición ya con el final supuestamente apropiado. No se si fue para vendernos más versiones de la película, el caso es que en el 2007 salió una nueva versión, esta vez aprobada por Scott y con el nombre de Final Cut.

Este es el verdadero final.

Creo que Blade Runner fue una magnífica reflexión sobre la naturaleza humana; una película en la que casi cada diálogo es motivo de cita (“Toda una experiencia vivir con miedo ¿no es cierto? Así es cuando se es esclavo”). Al parecer Scott dejó que los actores improvisaran y de ahí viene la última frase de Batty cuando dice “… todos esos momentos se perderán. Como lágrimas en la lluvia…”.

La película es un logro visual, casi todo está filmado de noche bajo una pertinaz lluvia o en interiores a contra luz; el ambiente es decadente, ocre y polvoso; una terrible concepción de la vida en un planeta moribundo; los seres que pululan por las calles de la metrópolis son feos, defectuosos y y sin esperanza. Cuando los perfectos replicantes llegan a tratar de integrarse a la vida terrestre lo hacen desde un plano más elevado. No son considerados seres humanos pero su lucha es por que viven la más humana de las sensaciones: el deseo de trascender.

Algo que merece una mención especial es la cinta sonora, realizada por Vangelis y que combina elementos electrónicos con un saxofón que tiene una indescriptible melancolía.

Los rumores respecto a una secuela ya son muy insistentes; la verdad es que espero de corazón que nunca nadie se atreva a perpetrar la continuación de Blade Runner.