Se transformó en una moda y mucho se prestó a la burla y hasta profanidades; pronto casi todo mundo llevaba un letrerito amarillo en su coche advirtiéndonos que “algo especial” iba a bordo (como si de barcos se trataran). Bebé a Bordo, letreros amarillos que mostraron la facilidad con la que el ser humano se deja llevar por la moda.

En todas las épocas hay eventos y situaciones que nos marcan y que se colocan en la historia por mérito propio. Desde la caída de sistemas políticos, gobiernos controvertidos hasta fuerzas naturales. Eventos que  nos hacen catalogar toda una época como “el año del temblor”, “la década de la crisis”, etcétera.

Sin embargo existen otros elementos que, a pesar de ser pequeños y poco trascendentes también tienden a marcar la época. Uno de estos fueron los pequeños letreros con forma de rombo con el letrero Baby on Board que en México no tardaron en copiarse y piratearse como Bebé a Bordo.

En este país tenemos la costumbre de copiar todo sin importar si es malo o bueno, en este caso (en una era en que yo ni soñaba con transportar bebés en mi coche) siempre se me hizo un poco ostentoso; el orgullo de padres primerizos que más que pedir seguridad para sus retoños lo utilizaban como una forma de gritarle al mundo “¿Que creen?, ¡Soy capaz de reproducirme!

Cuenta la leyenda que estos letreros surgieron de unos padres afligidos por la muerte de su pequeño bebé; la verdad es que eso nunca ocurrió, todo fue la idea de un emprendedor llamado Michael Lerner que al parecer se fusiló la idea por ahí de 1985 y comenzó a comercializarla; el había escuchado que en Alemania existían esos letreros, así que fundó la empresa Safety 1st con la que comenzó a inundar el mercado.

Decía el fallecido y aclamado cómico George Carlin (mi ateo favorito) que los letreros de Bebé a Bordo es una de las tres cosas más vomitivas que le habían ocurrido a la humanidad (habría que investigar cuales son las otras dos) y en cierta manera concuerdo con él.

No tanto por la idea de avisarle al mundo sobre bebés viajando en autos si no por la cantidad de “ideas originales” que se dieron detrás: para empezar a algún mercadólogo se le ocurrió regalarlos a la compra de algún producto infantil (creo que pañales) y más tarde se soltaron con Princesa a Bordo, Perros Guardianes a Bordo, algunos de plano guarros como Suegra a Bordo o Pareja Cachonda a Bordo.

(Si alguien recuerda alguno de memoria entrañable póngalo en la sección de comentarios)

El caso es que hasta la fecha se ven por ahí algunos letreros advirtiendo sobre bebés y otros viajeros automotrices. En esta ciudad (y sociedad) que tanto depende del auto no parece raro que de repente algunas cosas de lo más estrafalarias se pongan de moda (como los nefastos y estúpidos cuernos de reno que algunos borregos les ponen a sus coches).