De muy bajo presupuesto, y conducido por dos desconocidos (Ausencio Cruz y Victor Trujillo) el programa En Tienda y Trastienda se convirtió en una propuesta fresca y divertida así como una base de lanzamiento. Hecha con algunos centavos, la emisión pronto logró una audiencia muy respetable para su segmento y horario.

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Una de las razones que me hacen tratar de escribir de la mejor manera posible es la retroalimentación que me dan los lectores de ochentas.com.mx. Recibo correcciones y comentarios, pero lo que más me gusta es cuando alguien hace propuestas; escribir dos veces a la semana una entrada (solo en este blog) a veces causa una especie de bloqueo: me encontrado muchas veces frente a la computadora con la pregunta rebotándome en la cabeza “¿ahora de que …. escribo?

Por eso es de agradecer que de repente lectores como Dante sugieran y, aunque a veces parece que no hacemos caso, lo que pasa es que cada tema tiene un pequeño proceso de maduración y muchas veces tiene que “formarse” en la fila. Cuando escribí sobre Héctor Suárez y su ¿Qué nos pasa? Dante nos sugirió una entrada sobre En Tienda y Trastienda, he aquí un pequeño artículo al respecto.

¿Quieren que les cuente un cuento?

Hace muchos años en estas atribuladas tierras mexicanas existían dos tipos de televisión: por una parte estaba la privada, el monopolio de Televisa que parecía ser la dueña del balón, de la cancha, del estadio y del árbitro. Era prácticamente la única posibilidad televisiva. Sus directivos hacían y deshacían, sus programas eran de regularcitos a muy malos (¿eran?) y era prácticamente la única opción.

Por otro lado existía la contraparte estatal, llamada Imevisión (Instituo Mexicano de la Televisión), que los más cínicos de sus empleados bien-nombraban Inanición (por lo buenos que eran los sueldos) y para los que un “bajo presupuesto” significaba a veces una promesa inalcanzable; el presupuesto de producción normalmente era inexistente y, si uno no se llamaba José Ramón Fernandez, se veía forzado a producir con muebles traídos desde su propia casa.

Por ahí de 1987 surgió un programa llamado En Tienda y Trastienda, una emisión de variedades que (no recuerdo exactamente el horario) se transmitía por ahí de la hora de la comida. Como era de los flojos que iban a la universidad en la tarde podía ver En Tienda y Trastienda antes de salirme de mi casa; era una especie de “burla” para los que nos sentíamos “grandes productores” de la carrera de Ciencias de la Comunicación.

La entrada del programa y luego la edición de una entrevista al equipo de fut americano del Poli, hay que destacar la presencia del finado Pepe Espinoza.

Si hablaba de bajo presupuesto creo que En Tienda y Trastienda estaba muy por abajo del concepto. Con una decoración tipo “miscelánea” pero de las chafas el programa se basaba en la creatividad de unos jovencísimos Ausencio Cruz y de Victor Trujillo (ambos deben de haber tenido unos 26 años) así como la disponibilidad de grupos musicales en acenso (o en franca decadencia) y algunos colaboradores como el propio Espinoza y el doctor Pimentel entre otros.

A pesar de sus carencias el programa tenía un atractivo muy curioso; sobre todo era muy fresco, libre de formalidades, de “homenaje” a sus conductores (que en esos entonces eran un par de perfectos desconocidos) pero sobre todo de formas; ¡había casos que los propios conductores llegaban tarde a su propio programa y la transmisión iniciaba sin nadie en la “tienda”!

La proyección de la serie fue muy grande, con el tiempo ese escenario “chafita” y vacío comenzó a llenarse de refrigeradores de refrescos y de exhibidores de Pan Bimbo, la calidad de los invitados se incrementó y ambos conductores se hicieron famosos.

Gracias a esto Trujillo y Cruz pudieron echar a andar un programa llamado La Caravana también de bajísimo presupuesto y que se basaba en sketches realizados por ambos comediantes. El encanto del programa radicaba en que para su realización se instalaba un escenario en una colonia popular o un pueblo y ahí se grababan frente a la audiencia local.

De la misma manera que En Tienda y Trastienda, La Caravana comenzó con un presupuesto de hambre para luego incrementar hasta hacerse en uno con todas las de la ley.

Fue en este programa donde surgieron casi todos los personajes que Victor Trujillo sigue explotando: Brozo, Estetoscopio Medina Cháirez así como el Margarito de Ausencio Cruz.

Este es el Estetoscopio de ese entonces:

Para 1990 ya eran toda una institución, al grado que se los llevaron al mundial de Italia junto con la Andrés Bustamante; iba a iniciar esa carrera armamentista en que las televisoras se llevan a todo el personal a los campeonatos mundiales de futbol y juegos olímpicos.

Con el tiempo las cosas cambiaron radicalmente. Para empezar Inanición fue vendida y se transformó en TV Azteca; el panorama televisivo sufrió una alteración y mientras que Trujillo se transformó en una estrella y se brincó a Televisa (de la que despotricaba apenas unos pocos años antes) la carrera de Cruz fue en franca picada; en lo personal la última vez que lo vi fue en una fiesta de fin de años del NRM, iba, junto con su gente, como “espectáculo”. Por ahí alguien comentó que habían existido problemas de dependencias pero la verdad es que no tengo nada de información al respecto, creo que en la actualidad anda montando espectáculos cómicos.

Por su parte Victor Trujillo, y sus personajes, son una verdadera institución; se ha dado el lujo de entrevistar a los grandes actores de la política y hasta anduvo “balconeando” a varios, sin embargo creo que nunca se me van a olvidar sus humildes inicios y de cómo sus personajes eran más frescos y auténticos en una época en que era un perfecto desconocido.