Es uno de los fenómenos astronómicos más antiguos de los que se tiene memoria; para 1986 nos vendieron la idea de que el regreso del cometa Halley iba a ser espectacular, la verdad es que fuera de la comunidad científica que pudo analizar muy de cerca al cuerpo celeste, los ciudadanos de “a pie” nos quedamos algo decepcionados.

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En mi caso personal recibí mucha información previa a la llegada del cometa Halley algunos años antes; decían las historias familiares que en 1910, la última vez que el astro había pasado por su perihelio, mi abuelo (el papá de mi papá) lo había visto desde el malecón del pueblo costero en el que había nacido.

Había sido espectacular.

Tenía 11 años y recordaba que el evento había sido singular; una gran luz que hasta de se veía de día y que no pocos relacionaban con el inminente fin del mundo; hay que decir que si hubo quien atribuyera aquel “signo de los cielos” como una especie de premonición de la gran guerra de 1914 que nosotros conocemos como la Primera Guerra Mundial.

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Para mediados de los ochentas yo tenía un telescopio que había aprendido a usar de forma muy empírica; un poco al “mas o menos” y sin un gran conocimiento real de su utilización.

Aunque en otros países a la inminente llegada del Halley se le hizo mucho ruido, por ejemplo, yo llegue a ver un reloj Swatch versión especial (tenía un cometa de colores en la carátula), Carl Sagan editó un libro completo relativo al fenómeno, el cual leí de cabo a rabo, en México no se hizo mucha alharaca.

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Por ahí de principios de 1986 los noticieros empezaron a reportar que ya era posible verlo a través de los telescopios y para pronto yo me empecé a preparar para, lo que suponía yo, una experiencia única en la vida (la verdad hasta me imaginaba a mis nietos refiriendo como yo había visto el Halley hacía 75 años).

Poco tiempo después, anunciaron en los medios, que ya era posible verlo a simple vista.

La primera vez que lo vi (había que salir de la ciudad para lograrlo) fue en el estado de Morelos; una amiga me invitó a la casa que sus papás tenían en un famoso club de golf. En aquel lugar se habían coordinado algunos expertos para salir a ver el cometa en la madrugada.

Nos levantamos muy temprano y acudimos al lugar donde tenían telescopios, ahí ya se habían congregado muchas personas. Alguien nos señaló el cometa y yo sufrí la primera decepción.

Allá arriba de manera muy tenue brillaba una manchita blanca, como si a una estrella le hubiesen pasado un borrador encima, ese era el mentado cometa.

Más tarde lo vi con mi propio telescopio y la verdad es que todos los que se animaron a salir a verlo algunas madrugadas después (cuando ya había “aumentado” de tamaño) quedaron igual de decepcionados que yo.

El Halley, decían los científicos, había pasado muy lejos además de que al parecer, ya se encontraba “muy desgastado” (los cometas se gastan según van pasando cerca del sol); el caso es que el famoso Halley que había visto el abuelo y que durante siglos había ocasionado la caída de reinos e imperios fue un verdadero fiasco.

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Así vieron los científicos al Halley desde una sonda llamada Giotto

Lo más chistoso es que luego del Halley ya van dos cometas bastante espectaculares que no tuvieron tanta promoción ni tantas relaciones públicas.

Años después me enteré que aquel cometa que vio mi abuelo a principios del siglo veinte era otro que eclipsó al Halley llamado “El gran cometa de 1910” y que se le adelantó por unos meses, en aquellos entonces el auténtico Halley se vio bien pero la gente tuvo la tendencia a acordarse más de este cometa del que nunca se volvió a saber nada.