En lo personal me gusta mucho su cine; propositivo, novedoso, explorativo y no duda en embarcarse en proyectos fuera de lo tradicional. Tal vez su máxima aportación en los ochentas fue la de reinventar a los héroes del comic en el cine; a partir de Batman veríamos un boom de superhéroes.

Este es Tim Burton en los ochentas.

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La década ochentera marcó el inicio de la carrera de Tim Burton; desde una serie de cortos producidos para Disney hasta superproducciones de Hollywood, el director nos dio una clara muestra de lo que su cine iba a aportar.

En 1982 Burton se encontraba trabajando como artista conceptual para los estudios Disney, a pesar de que su trabajo nunca fue en la línea de la empresa, logró que su novia (una productora de los estudios) le dieran 60 mil dólares para realizar un corto de animación basado en un poema suyo llamado Vincent, hecho en honor de uno de sus héroes, Vincent Price. El director en ciernes logró que el propio Price interpretara la voz narrativa.

De hecho esta animación nunca fue dada a conocer y solo se distribuyó junto con el DVD de A nightmare before Christmas (infamemente titulada en México como El extraño mundo de Jack).

Burton participó en la realización de otros dos cortos, uno era una adaptación libre del cuento de Hansel y Gretel y la otra un corto sobre un perro-monstruo llamada Frankenweenie.

Hay que decir que en ambos cortos se “preveía” lo que más tarde iba a ser la obra de Burton.

Tras una bicicleta

La verdadera oportunidad para el director se presentó con la película Pee-wee’s Big Adventure. En México no se vio mucho, pero la elevación y caída de Pee-wee fue todo un acontecimiento mediático en Estados Unidos. El personaje de Paul Reubens estaba haciendo furor a mediados de los ochentas en la televisión estadounidense, Pee-wee era un básico en la televisión infantil por lo que una película relativa era una garantía de éxito.

Reubens había visto el trabajo de Burton en Frankenweenie y le gustó para su propia película. El director recibió un presupuesto de 7 millones y realizó una magnífica película (para el guión que había recibido); aunque sufrió de críticas en ambos sentidos, la cinta recabó cinco veces el costo de producción.

Hay que decir que poco después Reubens sufrió de una estrepitosa caída, de la que nunca se podría recuperar, luego de que fue descubierto en una situación bastante comprometedora dentro de un cine porno de Los Ángeles.

Creo en los fantasmas

Luego de la película de Pee-wee Herman (y los resultados obtenidos), además de dirigir un par de capítulos de la serie de Alfred Hitchcock Presents, Burton comenzó a cotizar en Hollywood. Un proyecto sobre una historia de fantasmas le fue presentado y el se embarcó en éste.

La película Beetle Juice no contaba con un gran presupuesto, 13 millones de dólares, por lo que Burton decidió darle un aire de película serie B de los cincuentas. Contrató a Michael Keaton, Alec Baldwin, Geena Davis así como a una jovencísima Winona Ryder y realizó una cinta que pude catalogarse como “comedia de terror” rica en efectos especiales así como con un guión muy interesante.

Esta escena ya es un clásico

La película fue un éxito y lanzó a Burton a la fama (ya era un director con capacidad de producir dinero) generó una serie animada, de la cual Burton fue productor ejecutivo, y hasta se planeó una secuela ubicada en Hawai, una especie de “Los Beachboys se estrellan con Amityville” que mucho agradezco a los dioses del celuloide que nos hayan evitado la pena.

Chúpame vampiro

Burton comenzó a trabajar en Batman aún antes de filmar Beetle Juice. Hay que decir que en esos entonces las películas de superhéroes estaban muy desprestigiadas; la serie de Superman (estelarizada por Christopher Reeve) había logrado una trayectoria parabólica de la que nadie se atrevía a sacarla; hubo una versión de Spiderman muy mala y se daba por descontado que las historias basadas en comics eran garantía de fracaso, hay que recordar que la generación de imágenes por computadora era muy limitada en ese entonces.

Burton se metió en problemas a todos los niveles, desde la elección de sus personajes hasta la forma de tratar al vampiro. El director quería a un personaje al “limite” así visualizaba a Batman y a pesar de que audicionó a Mel Gibson, Kevin Costner, Charlie Sheen, Pierce Brosnan, Tom Selleck y hasta a Bill Murray se decantó por Michael Keaton que tan buen resultado le dio como Beetle Juice y que se acercaba más a su imagen de “personaje en el límite”.

Su selección de Joker o Guason fue también controvertida pero le generó la atención de otro tipo de público además de que le dio una gran proyección a la película: Jack Nicholson sigue siendo considerado el enemigo perfecto de Batman y su actuación en la cinta sigue siendo icónica; hay que decir que “su trabajito” en la cinta le generó al actor unos 50 millones de dólares.

La película se estrenó en 1989 y está realizada con esa oscuridad expresionista tan característica de Burton. Su concepción y realización, muy por afuera de los cánones establecidos para el hombre-murciélago (más si nos atenemos a la serie de los sesentas) causó sorpresa y estupor, primero, y luego se transformó en una marca de la franquicia.

Burton demostró que una historia banal y muy conocida como la del Batman podría transformarse en una verdadera gesta visual y sicológica donde dos desadaptados luchan por prevalecer.

Me atrevería a decir que Burton creo un nuevo género, el del superhéroe real y humano, con problemas, pasiones y rencores; es desde el marco de Batman donde comienzan las críticas y la realización de otras historias de superhéroes.

La secuencia del museo con la canción de Prince que alguien recordaba en la entrada de ¿Qué nos pasa?

La película fue la primera en recaudar 100 millones de dólares en diez semanas, llegó a más de 400 millones de dólares y fue la cinta basada en un comic con mayor recaudación hasta 2008 (la destronó su heredera, The Dark Knight).

Aunque no recabó ningún Oscar la película generó una nueva Batmanía, se hizo una secuela también dirigida por Burton y generó una serie de televisión que intentaba tener el mismo ambiente que la película.

Burton entró a la década ochentera como un desconocido que tenía que pedir dinero prestado para realizar un corto y terminó como uno de los directores más redituables de Hollywood; su visión lo llevaría a dirigir la segunda parte de Batman y a realizar una serie de películas, la mayoría de ellas muy criticadas, pero que no pasaron desapercibidas de ninguna manera.

Pero eso ya es tema de otro blog.