La semana pasada me encontraba caminando por las calles de Polanco. Al pasar junto a una tienda vi su sonrisa y su barba “china” desde la tapa de un método de pintura. De inmediato me cayeron una serie de recuerdos. ¿Podrá haber algo más ochentero y mas kitsch? Lo dudo. En ese momento me decidí por realizar una entrada sobre el señor de los arbolitos felices: Bob Ross.

foto-bob-ross

Mis recuerdos sobre el programa de Bob Ross caen en una época de mi vida en que había empezado la universidad y esa independencia en la que uno ya se siente “un verdadero adulto”.

Los viernes y sábados eran dedicados religiosamente al reventón por lo que los sábados y los domingos uno tenía que emplear la mañana a recuperarse de los estragos de la noche anterior (felices días aquellos en que una mañana bastaba).

Recuerdo levantarme muy tarde en una casa vacía para prender la televisión y colocarme en un estado catatónico semejante al de un apio. No se en la actualidad, pero los sábados en la mañana no había nada en la tele. Uno recorría los canales sin encontrar siquiera un documental sobre la elaboración de mandolinas en Ucrania.

Al pasar por el canal 11 uno se encontraba con un tipo de pelo afro muy largo armado de una paleta con óleos, pinceles y espátulas. Su método de pintado era exageradamente rápido, terminaba un cuadro en una sesión de media hora y mientras pintaba iba alternado las instrucciones con dichos sobre pintar mundos felices y de colocar árboles “que eran muy felices”.


El homenaje de un fan

La verdad es que la pintura de Bob Ross caía en ese universo kitsch que tanto fascina a los gringos y que quieren hacer pasar por “buen gusto”, sus principales temas eran de montañas, cabañas a orillas de bucólicos bosques y a veces marinas.

Su técnica era muy rápida, pintaba sin esperar que lo que ya había pintado siquiera secara y a veces, en su afán creativo, tapaba elementos completos que ya había plasmado. A el le quedaban bastante bien los cuadros (de acuerdo al universo al que iba enfocado) sin embargo me hubiese gustado ver los resultados de sus seguidoras en Winsconsin o en Ohio.

pintura-1

Aunque Ross tenía ese aspecto hippioso que le ayudaba a su carisma personal así como un trato muy amable de hablar “suavecito” la verdad es que su extracto es muy distinto al que nos pudiéramos imaginar: trabajó una muy buena parte de su vida para la fuerza aérea de Estados Unidos, primero en Florida y luego en Alaska donde quedó impresionado por los arbolitos y las montañas felices del aún salvaje estado.

Durante su estancia en Alaska se puso a pintar como hobbie, pronto se dio cuenta que era buen negocio y no tardó en dedicarse de tiempo completo a la pintura. Ross comenzó a salir en la tele con el programa The Joy of Painting (El placer de pintar) en 1982 a través de PBS, el canal estatal de contenido cultural y educativo de Estados Unidos. Por su programa el pintor nunca le cobro un centavo a la cadena, sin embargo le dieron oportunidad de anunciar libros con sus técnicas, materiales para pintar con su marca y luego videos. Los cuadros que pintaba al aire se los quedaba la PBS para obras benéficas.


Un rápido homenaje que resalta su gusto por limpiar las brochas y pinceles

En México debe de haber llegado por ahí de 1985, como decía, era transmitido a través de canal 11 y estaba doblado a manera de documental, es decir, sin mucha preocupación por que se diera un sincronía con lo que decía. De hecho se escuchaba la voz de Ross “bajo” de la del doblista.

Rob Ross se mantuvo al aire hasta 1995, fecha de su muerte a los 52 años por un cáncer. Hasta la fecha sigue existiendo una industria alrededor de su imagen, en su sitio electrónico es posible adquirir videos donde Ross nos enseña a pintar árboles felices además de libros (tiene unos 100 títulos) y material de pintura con su nombre.

pintura-2

Lo curioso del tema de Bob Ross es que si uno se pone a buscar en YouTube lo que más encuentra son sátiras, creo que eso habla mucho de la presencia del pintor en el colectivo popular, pero ningún capítulo completo de su serie de pintura.

Decía antes que me hubiese gustado ver “los resultados” de alumnos virtuales de Ross. Una vez más Internet me da la oportunidad de cumplir mis deseos.

Disfruten