Esta entrada está para refaccionaria, pero tengo que confesar que no aguanté la tentación de escribirla.

Me encontraba yo el pasado miércoles en una presentación en un hotel del centro de la ciudad cuando la vi desde que salió del elevador; iba a ser la “madrina” del evento en el que me encontraba. Con esa aura de las que se saben conocidas por todo mundo (y admiradas por una buena parte) surgió esta mujer vestida de rojo.

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Se me hizo como de unos 50 años, algo pasada de peso pero con ese caminar de estrella que me pareció conocida. Tengo que decir que a la hora de encontrarme con un famoso sufro de dos cosas: por una parte soy muy mal fisonomista (o veo muy mal), si dejo de ver a un amigo por un mes y me lo encuentro en la calle no lo saludo por que no lo reconozco.

Por el otro no veo televisión abierta, y de la cerrada muy poco, por lo que de repente me enfrento a gente que pienso “a este lo he visto en algún lado” y resulta que es el galán de moda, un futbolista estrella, la hija del presidente o el político de más escándalo y la verdad es que ni me entero.

Algo de eso ocurrió. Resulta que, hasta que me la presentaron me enteré que estaba ante las mismísima Rosa Gloria Chagoyán conocida por la cultura popular como Lola la Trailera cuya efigie empapeló todas las refaccionarias y talleres de hojalatería entre el Bravo y el Usumacinta por una década.

Un valor del cine nacional y ochentero pues…

La última vez que la vi en vivo, ahí me detonó ese recuerdo, fue durante el Gran Premio de Fórmula Uno de México por ahí de 1986 . A modo de promoción de la película y de entretenimiento antes de la carrera, la tal Lola le dio algunas vueltas al circuito del autódromo a bordo de un tráiler, que parecía sacado de película de Mad Max, y que formaba parte del elenco de la segunda parte de su trilogía.

Rosa Gloria Chagoyan entró a la fama de la cinematografía nacional cuando la industria estaba en uno de los baches más terribles, profundos y oscuros de su historia. Se resumía a ficheras, albures y un engendro que ahora se denomina “Cabrito Western”, historias de policías contra narcos en el norte del país de las que los hermanos Almada son sus más infames representantes.

En la trayectoria cinematográfica de Chagoyan podemos encontrar joyas de la talla de El Vengador 30-06, Vuelven las sobrinas del diablo, Los Cuates de la Rosenda, El Canto de los humildes, El Extraño hijo del Sheriff, Un Reverendo trinquetero y Las Muñecas del King Kong.

Sin embargo Rosa Gloria Chagoyan saltó a la fama (y esto no es ninguna ironía) gracias a la película de Lola la Trailera. Filmada en el más tradicional estilo del “Cabrito Western” la historia relataba los avatares de una joven muchacha que, al morir su padre, se tiene que hacer cargo de manejar su tráiler. Al hacerlo enfrenta a las corruptas autoridades así como a los temibles narcotraficantes.

Lola la Trailera se transformó en un éxito en todos los sentidos (a manera de ejercicio masoquista podemos decir que 1983 también fue el año del Regreso del Jedi, Juegos de Guerra y Risky Business).

Ya he dicho que pasé buena parte de mi juventud en un taller mecánico por lo que pude notar realmente del impacto de esa señora en el público en general. Lo chistoso de todo el tema es que la tal Lola se transformó en una especie de alter ego de Chagoyan al grado que comenzó a basar su vida, obra y carrera en el personaje.


¡Hasta cantaba!

Y claro que los productores de todo el mundo se parecen en algo y eso es a la hora de detector un buen negocio: pa’pronto hicieron la parte dos y tres de la película que, por supuesto, le dieron fama a unos y lana a otros:


Me impacta que hablen de la película como si de verdadero arte se tratara

Creo que luego de Lola la Trailera la señora Chagoyan se dedicó a hacer películas del tipo de mujeres al borde que involucraban situaciones límite, hartos federales y narcos sin olvidar los “cuernos de chivos” y plomazos al por mayor; de ahí para el real se transformó en “luminaría” del cine nacional, y del género, que por ahí en el video alguien se atrevió a calificar de “familiar”.

Regresando a la actualidad en aquel hotel de Reforma, fue hasta que me la presentaron que me enteré de manera cabal quien era; ahí estaba yo con la señora Chagoyan saludándome de mano con una enorme sonrisa. “Esta es de los ochentas” me dije a mi mismo pensando en la manera de compartir la experiencia con todos ustedes y, como tengo alma de naco…

-¿Me puedo tomar una foto contigo?- Le pregunte…

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