Fue uno de los momentos más importantes de la era Reagan: un Boeing 747 de Korean Airlines fue derribado luego de internarse en territorio soviético. Todo un hito en la guerra fría y una ocasión más para la propaganda de ambos contendientes.

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Todo ocurrió el primero de septiembre de 1983 al suroeste de la isla Sakhalin, una isla que forma parte del archipiélago japonés pero que formaba parte de la Unión Soviética; fue en ese lugar donde el vuelo 007 de Korean Airlines, que venía desde Nueva York con escala en Anchorage, y con destino en Seul, fue derribado.

El trayecto del avión debería de haber seguido de forma paralela el espacio aéreo soviético para luego “dar vuelta a la derecha” sobre Japón. Por alguna razón, que hasta la fecha sigue siendo un misterio, el avión desvió su trayectoria unos pocos grados al oeste y esto bastó para que se internara en territorio prohibido.

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La aeronave “cortó” la península de Kamchatka, atravesó el mar de Okhotsk (que alarde de conocimientos geográficos) y fue derribado justo sobre la frontera imaginaria entre Japón y la URSS.

El Boing entró dos veces a espacio aéreo soviético y fue derribado cuando estaba a punto de salir por segunda vez con un misil lanzado desde un avión caza de la fuerza aérea de ese país.

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Un Sukhoi Su-15 Flagon Interceptor como el que derribó al KAL 007

Hay que decir, sin justificar el derribo de un avión lleno de civiles, que el evento fue causa directa de uno de los momentos más álgidos de la Guerra Fría. Tan solo unos meses atrás había sido anunciada la colocación de más misiles estadounidenses en Alemania, eran épocas del aguerrido Ronald Regan.

De la misma forma se acababan de realizar en el norte del océano Pacífico las maniobras más grandes en la historia de la marina de Estados Unidos, pero para acabar de “preparar el escenario” ese mismo día los soviéticos estaban por realizar las pruebas de un misil nuevo desde una base en la península de Kamchatka, por lo que la presencia de un avión en la zona era sumamente sospechosa: en esos momentos, efectivamente, un avión RC-135, con una silueta que bien se podría confundir con un Boing 747, también realizaba vuelos en la zona debido a que los estadounidenses querían tomar telemetría del lanzamiento en la península.

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Un RC-135 de la fuerza aérea de EU

El avión fue captado por los rusos desde que entró por primera vez en su espacio aéreo; una primera misión de intercepción fue enviada pero esta no pudo establecer contacto con el avión debido a cuestiones climáticas.

Fue durante la segunda “incursión” en el espacio soviético cuando fue alcanzado por un segundo escuadron. Los pilotos rojos reportaron que no conseguían establecer comunicación con la nave; ésta tampoco reaccionó cuando éstos realizaron disparos de advertencia. Hay que decir también que los pilotos nunca describieron el avión cuya figura característica podría haber alertado a los comandantes en tierra.

Para acabar con la serie de macabras coincidencias ocurrió que justo cuando los aviones soviéticos comenzaron a hacer “fuego de advertencia” la tripulación del avión de Korean Airlines recibió permiso para ascender por lo que comenzó una maniobra que los aviadores soviéticos tomaron como evasiva.

Uno de los aviones de combate disparó un misil que afectó varios componentes mecánicos del avión, no hubo bola de fuego ni explosión tipo Hollywood, el Boing sólo comenzó a perder altura.

Al parecer, dicen los expertos, la caída del avión fue bastante lenta en sus inicios para transformarse en una verdadera pesadilla al final. Aunque en un principio se reportó que el avión había sido obligado a aterrizar en una base soviética, todo fue producto de un rumor desatado por nerviosismo de la época.

La búsqueda de restos del vuelo 007 fue un verdadero caos. Cada lado (Corea, Japón y Estados Unidos por uno y los soviéticos por el otro) trató de hacerse primero con restos que sirvieran para echarle la culpa a los del otro lado.

La Unión Soviética intentó salirse por la tangente y en un principio negó todo, dijeron no saber nada sobre lo ocurrido al vuelo 007 sin embargo los gringos aprovecharon el asunto para hacer propaganda. La inteligencia de Estados Unidos se encargó de divulgar las grabaciones de los pilotos a la hora de derribar al avión y pronto fue evidente para todo el mundo que se había cometido una barbaridad.

Todo el circo mediático organizado por Reagan ocasionó que la reunión de ministros de ambos países que se iba a celebrar esa misma semana fuese un rotundo fracaso, además de que fueron prohibidos los vuelos de Aeroflot en Estados Unidos por lo que si cualquier mandamás ruso tenía que ir a ese país tenía que hacer una escala obligada en Canadá o en México.

Por su parte los soviéticos se aferraron a la historia de que el avión de Korean Airlines volaba sin luces y que todo había sido un plan de espionaje de Estados Unidos. Recuerdo haber visto por ahí una revista izquierdosa que decía que en los restos del avión no se encontraron ni cuerpos ni equipaje de los pasajeros.

Lo más curioso del asunto es que al parecer se sigue demostrando que los verdaderos enemigos de Estados Unidos están en su interior ya que mientras los rusos (post-soviéticos) liberaron después toda la información del caso y se demostró que fue un ataque en toda la forma, en la unión americana comenzaron a aparecer cada vez más charlatanes y amigos de las “teorías de la conspiración” que siguen aseverando que todo fue una operación de la CIA que no dudó en sacrificar civiles para desprestigiar a la entonces (aparentemente) muy fuerte Unión Soviética.

Fuera de palabras y de propaganda, lo único que queda muy en claro es que esas 269 personas que viajaban a bordo del KAL 007 fueron víctimas de una conflagración, que aunque no tuvo cañonazos, también cobró su cuota de víctimas inocentes: la Guerra Fría.