Era un día típico de septiembre en la Ciudad de México, un día típico y rutinario alistándome para ir a la escuela. Como niño la percepción de la realidad es distinta, pero no cabe duda que muchos de nosotros dejamos, en alguna proporción, de ser niños a partir del 19 de septiembre de 1985.
– Modo Trailer de pelicula “on” –
En una época, en donde no existía el internet y los teléfonos móviles eran un lujo que sólo Jacobo Zabludowsky y unos cuantos más podían darse; en una ciudad donde al desprecio entre los hombres y la enorme corrupción no se les veía salida…
– Modo Trailer de película “off” –
Uno de los terremotos más fuertes del siglo XX ocurrió en la ciudad más poblada del mundo, en mi ciudad, México D.F., destruyendo más de 700 edificicaciones y matando 10,000 personas, lastimando a más de 100,000, privando de casa o lugar de trabajo a otros miles y dejando una profunda herida en el corazón de muchos mexicanos.
7:19 de la mañana; hora oficial; ¿hora ideal? Por algo pasan las cosas. A esa hora, el movimiento de personas en la ciudad es agitado; ya bastante gente estaba en la calle, en el trayecto, porque los niños entraban a la escuela a las 8am y muchos empleados a las 9am. Poca gente había en centros de trabajo, pero en lugares, como fábricas de ropa u hospitales, la muerte encontró a muchos mientras laboraban. Algunos que salieron tarde, se salvaron por ello, otros, que se les hizo tarde, ya no pudieron salir.

Existen infinidad de historias de heroismo, de amor, de terror, de valor, de humanidad y, creo, que cualquier relato que pueda escribir en este espacio no está sustentado por mis propias vivencias, porque yo no salí esos días de mi casa y fue hasta un mes después que hice una especie de recorrido por zonas dañadas documentando, con mi Kodak 110, todo lo que podía desde el asiento trasero del auto de mis padres.

Los invito a que en la sección de comentarios escriban sus vivencias y compartan con todos ese sentimiento que hizo que toda la ciudad saliera adelante.
De lo único que sí puedo dar testimonio, es que el día viernes 20 de septiembre ocurrió una réplica muy fuerte, otro sismo, pero al anochecer, fue entonces que cometí uno de los más grandes errores de mi vida, que gracias a Dios no tuvo consecuencias. Estaba viendo en MTV el video de Shout de Tears for Fears (cual rata de laboratorio, esa canción quedó grabada en mi recuerdo junto con las imágenes que la TV había mostrado desde 6 horas antes en que se había restablecido la señal). La sensación de alerta y la inocente curiosidad de esperar ver caer algunos edificios ya dañados cercanos a mi casa me hicieron correr a una ventana cuadrada de aproximádamente de 1.50 por lado que me llegaba a las rodillas, me pegué como estampilla para ver lo más que pude. Sentí como el cristal bailaba junto con mis manos y para mi inocente fortuna, no reventó. Hoy, en 2011, la ventana y los edificios dañados siguen ahí, estos últimos habitados por “invasores” que hasta luz y ventanas les han puesto.
Parte de lo que en este sitio queremos ofrecer como plus al detonar recuerdos, son recomendaciones basadas en nuestra propia experiencia en los 80s, para que tú, papá o mamá ochentero(a) nunca te olvides de mencionar a la familia de la que hoy eres jefe:
DURANTE UN TEMBLOR ALÉJATE DE CUALQUIER VENTANA
Por pequeña que una ventana sea, el cristal cuando es forzado a torcerse termina rompiéndose y, dependiendo de la fuerza de torsión, sale disparado en todas direcciones a gran velocidad. Un vidrio roto de esa forma puede agujerar o cortar el cuerpo. Una cortada en una parte de tu cuerpo específica puede, desde pasar como un raspón hasta hacer que nos desangremos en unos cuantos minutos y morir.
DESPUÉS DE UN TEMBLOR NO PRENDAS VELAS
Después de un terremoto es común que “se vaya la luz” y que tú reacciones por instinto bajo un estado de shock o de alerta, por eso apréndete esto AHORITA EN ESTE MOMENTO. Para salir de tu casa o bajar las escaleras a oscuras, por el amor de Dios, no vayas a prender velas, encendeores o cerillos.
Un movimiento fuerte puede provocar que las tuberías de gas (también de agua) se rompan o se fisuren, por lo que encender un cerillo, ya no se diga una vela, puede provocar una explosión que tenga peores consecuencias que el daño que presente el inmueble en donde estemos. Por ello es recomendable tener siempre a la mano (si se puede en cada cuarto de la casa) una linterna de pilas (con pilas nuevas) para alumbrarnos y NUNCA prender una vela justo después de ocurrido el sismo. NUNCA!!!! Es muy recomendable “desbloquearse” y analizar la situación después de un sismo. Los sentidos mandan. Busca con tu olfato cualquier señal de fuga de gas y aléjate de inmediato. De antemano debes conocer por dónde pasa la tubería de gas en tu casa y debes enseñarle a tus hijos cómo poder cerrar el gas (y el agua) inmediatamente después de un sismo, por si todo esto ocurre cuando no estemos nosotros.
Si vives en un departamento, advierte esto a todos tus vecinos y hazlos conscientes del peligro del gas. El error de 1 sola persona que no considere este riesgo puede matar a todas las familias del edificio.
* Como antecedente, en el terremoto de Japón de 1923, decenas de miles de personas murieron debido al incendio que se originó después del temblor y no por que se derrumbaran sus casas.
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Ese 19 de septiembre de 1985 ¿Dónde estabas tú? ¿Qué viviste tú? Comparte tus experiencias, en la sección para comentarios, de la mejor manera posible (minúsculas y en un lenguaje que todos podamos entender, no SMS).
El recuerdo de Ivonne…
Ivonne era una vecina, conocida en nuestra calle por ser una “chamaca” con un carácter especial. Siendo unos 3 ó 4 años mayor que el resto de los que nos juntábamos, tenía un rol especial cuando salíamos todos a jugar a la calle en las tardes y durante las vacaciones de verano. Era la líder.
Recuerdo aquél día, en el que permanecí en mi casa, porque se hizo tarde para ir a la escuela y ya mejor no fuimos, pasadas unas horas del terremoto, llegó Ivonne corriendo y llorando. No sé si ella estaba terminando la secundaria o ya había iniciado la prepa, pero sé que estudiaba en el Instituto Cultural, una gran escuela situada en Calzada de Tlalpan esquina con Miguel Angel de Quevedo.
Las mamás de todos los cuates (que andaban en la calle platicando) la consolaron, porque al parecer no había nadie en su casa a esas horas y élla regresó desesperada a su casa a buscar a su familia porque acababa de vivir algo terrible: ya estaba en clase a la hora del temblor.
Cuenta, según recuerdo, que la maestra les dió la instrucción a las niñas de que mantuvieran la calma y ella, por su forma de ser, decidió salir corriendo y no hacer caso a lo que la maestra dijera. Ella era rápida para tomar decisiones, siempre, y era una adolescente rebelde, canija y recuerdo que hasta irrespetuosa. Ese caracter le salvó la vida. El edificio se derrumbó y muchas de sus compañeras murieron.
No quiero ensalzar valores que hoy nos tienen, como país, en la lona, pero, esa viveza, esa “canijez”, esa capacidad de tomar decisiones en momentos de crisis, hacen la diferencia.
Cuánto bien nos haría reconocer a los líderes que nos rodean y apoyarlos en su toma de decisiones. Empezando por tu familia.
No he vuelto a ver a Ivonne desde aquellos años y sólo le deseo que haya alcanzado la paz en su corazón y que tenga una buena vida.
pues en ese año yo tenia 14, a un mes de cumplir 15, y me levante para ir a trabajar..siiii los jovenes ochenteros trabajabamos desde esas edades, no como los chamacos de hoy¡¡ y recuerdo que estaba tendiendo la toalla en el tendedero (me acababa de bañar) y nomas nopodia…se me movia el lazo..todavia no sentia el temblor..cuando mi ama me dice: hijo¡¡¡ salte que esta temblando..ya afuera en la calle ya senti el temblor y la gente mayor arrodillada rezando, cuando termino el sismo nunca imaginamos los derrumbes u esas cosas, mi papa fue afortunado porque el trabajaba en la secretaria del trabajo, ese edificio si se cayo en su totalidad y si no fuera porque el camion nomas no paso hubiera muerto porque el llegaba a las 7 am todos los dias y ese dia llego tarde…ese sismo nunca lo olvidare…