La semana pasada me encontraba caminando por las calles de Polanco. Al pasar junto a una tienda vi su sonrisa y su barba “china” desde la tapa de un método de pintura. De inmediato me cayeron una serie de recuerdos. ¿Podrá haber algo más ochentero y mas kitsch? Lo dudo. En ese momento me decidí por realizar una entrada sobre el señor de los arbolitos felices: Bob Ross.


