¡ Lo sabemos porque estuvimos ahí !
Una de las pocas películas de los ochentas que dejaron huella
Hablaba en una entrada previa sobre la virtual inexistencia del cine mexicano en los años ochentas; en esta decía yo que por los canales tradicionales el cine mexicano se resumía a balazos, ficheras y albures, sin embargo se me olvidó una cinta que por sí misma fue todo un fenómeno mediático de los ochentas y quizá la producción nacional más importante de la década: El Mil Usos.

Una vez en los ochentas a alguien en Estados Unidos se le ocurrió mezclar ejercicios aeróbicos con música y sin saberlo creó una moda que no tardó en darle la vuelta al mundo. Hacer ejercicio al ritmo de la música se transformó en costumbre y pronto todos, en su mayoría mujeres, estaban poniéndose en forma con los aerobics

Vino a superar al Atari, fue la consola más avanzada de su tiempo y muchos ochenteros gastamos infinidad de horas frente a la pantalla: el Intellivision llegó para revolucionar la naciente industria del videojuego.

He hablado mucho en este espacio de cine, pero solo de cine de Hollywood. Desde que comencé a escribir ochentas.com.mx he tratado de abarcar el máximo de temas y no clavarme en una cosa, sin embargo el tema del cine nacional en esa década lo había dejado a un lado. ¿La razón? el tema es muy difícil por la sencilla circunstancia de que prácticamente no existió.
Salvo notables excepciones el cine nacional era barato y destinado a un público de consumo que no exigía calidad en absoluto: albures, ficheras y balazos fueron el común denominador de una época en que, cinematográficamente hablando, daba pena ser mexicano.

Créanlo o no, en los ochentas también se publicaron libros y algunos de nosotros hasta los leímos. La razón por la que quiero hablar de Azteca en esta entrada no es tanto por el libro en sí, si no la serie de comentarios y reacciones que generó en una sociedad que, en muchas formas, desconocía su pasado.

8 de diciembre de 1980
Iniciaba la década delos ochentas cuando un perturbado asesinó a John Lennon en la puerta del edificio de departamentos en donde vivía. Hasta la fecha me sigue pareciendo irónico que hayamos iniciado la década con una noticia tan aberrante.

¡Por el poder de Grayskull! gritaba el príncipe Adam y se transformaba en He-Man, héroe de las caricaturas ochenteras y que por si solo generó toda una línea mercadológica con película y todo. Las aventuras de He-Man son en cierta forma, representativas de la televisión infantil de los años ochentas.

Platicando sobre el tema musical ochentero me hicieron la siguiente pregunta: “¿Por que no hablas de las estaciones musicales?”. El cuestionamiento es bastante acertado: aunque para algunos les suene raro el camino lógico en la era pre-internet para conocer nueva música era la radio y en ese entonces dos opciones prevalecieron e incluso se desarrolló una especie de rivalidad.
Vamos a hablar en esta entrada de la que llegó primero, Rock 101, estación que creó una muy firme y leal base de fanáticos y que a lo largo de poco más de doce años se transformó en la referencia obligada para la música “alternativa” en aquel México ochentero.

Aunque muchos marcan el inicio del rock mexicano luego de la invasión española existieron muchos grupos de calidad que mantuvieron a flote el estilo en México; agrupaciones que apenas sobrevivieron el embate de música más comercial y promovida por los medios: estos son tan solo cuatro de los grupos de rock mexicano olvidados de los ochentas.
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Fue una película muy cursi, pero Somewhere in time (su título en inglés) consolidó la carrera de Christopher Reeve y se transformó en una de las historias románticas más recurridas de principios de los ochentas.
